MISIÓN AL AIRE

MONSEÑOR ALBERTO GIRALDO JARAMILLO

Hijo primogénito de †Luis Angel y †Ana Rosa. Nace el 7 de octubre de 1934 en Manizales (Caldas). Bautizado en la Catedral “Ntra. Sra. del Rosario” de Manizales el 21 del mismo mes y año por el P. Luis María Zuluaga. Confirmado en el templo de los Agustinos el 1 de noviembre de 1935 por Mons. Juan Manuel González Arbeláez.

 Crece en un hogar cristiano con sus 13 hermanos: Hernán, actual Obispo de Buga; Jaime, quien es secretario de un juzgado; Lucy, Religiosa Franciscana; Berta, trabajó 40 años con Mons. José Gabriel Calderón C. y ahora labora en el Banco de Alimentos de Cartago; María Elena, Religiosa Franciscana; María Cristina, pensionada del magisterio; María Esperanza, en la casa; María Teresa, Profesora del Colegio Salesiano en Chía; Sara, Profesora en la Universidad “El Minuto de Dios” en Bogotá; Eduardo, pensionado de Adpostal; María Pastora, Profesora del Distrito de Bogotá; Javier Vicente, Psicólogo; y Ana Lucía, Arquitectura y Dibujo.

Esta es la familia Giraldo Jaramillo a la que agregamos 16 sobrinos(as). En marzo de 1954 se radicaron en Cartago (Valle) donde nacieron los últimos 4 hijos. En esta ciudad está la casa familiar, a donde Monseñor se retira en sus días de vacaciones, descansa, monta en bicicleta y en moto, le gusta el fútbol y lo juega. Sus momentos más felices los pasa cuando se reúnen algunos de los hermanos. Es una familia trabajadora, sencilla y transparente que tiene a “Alberto” como el “Papá”, a quien se le cuenta y se le consulta todo.

En Manizales hizo los estudios de primaria en la Escuela Anexa (1942), en la Escuela Robledo (1943) y en la Escuela La Gran Colombia (1944-1946). El bachillerato en el Instituto Universitario (1947) y en el Seminario Menor de Manizales (1948-1951).  La filosofía y la teología en el Seminario Mayor de Manizales (1952-1958). Recibió el diaconado en la Capilla del Seminario el 1 de marzo de 1958 y el presbiterado (de manos del Cardenal José Luis Concha Córdoba) en la Catedral de Manizales el 9 de noviembre de 1958. Sus compañeros de ordenación son: Gustavo Bedoya Sepúlveda, Arturo Cardona Chica (p.s.s.), José Castrillón Gómez (retirado), Rafael Gómez Toro, Ariel Gutiérrez Marulanda, Gilberto Hoyos Hoyos, Augusto Isaza Mejía (fallecido), Alonso Marín Gutiérrez (retirado) y Luis Vallecilla Concha.

 Vicario Cooperador en Palestina, Caldas (1958-1959). En 1959 viaja a Montreal (Canadá) a la Casa de Los Padres Sulpicianos y estudia en la Facultad de Teología en la Universidad de Montreal. En 1960 obtiene la Licencia en Teología y es admitido a la Sociedad de San Sulpicio. Viaja a Roma a continuar sus estudios en la Universidad de Santo Tomás (1961-1963), donde obtiene el Doctorado en Teología, con la tesis escrita en latín: “La Infalibilidad del Concilio”. Regresa a Colombia al Seminario Mayor de Manizales como miembro del Equipo de Formadores y Profesor (1963-1968), luego, miembro del Equipo de Directores y Profesor del Seminario Mayor de Bogotá (1969-1974). Profesor en el Instituto de Teología y Pastoral del Celam en Medellín (hoy ITEPAL en Bogotá). También fue Delegado Provincial de la Padres Sulpicianos en Colombia (1972-1974).

Doctor y docto; profesor ordenado, erudito, con método apropiado y pedagogía actualizada; predicador claro, profundo y oportuno; escritor agradable y de estilo correcto. Son innumerables las clases, charlas, homilías, conversatorios, conferencias y discursos que ha hecho; como también tantísimos artículos escritos sobre diversos temas, sobre todo, de teología, biblia, espiritualidad, catequesis, pastoral, mariología, eclesiología… En El Informador y El Semanario escribía periódicamente y nos mantenía actualizados sobre los últimos acontecimientos eclesiásticos. Cada año se publicaban las “Homilías y Mensajes desde la Catedral” que contienen sus predicaciones de la Semana Santa.  Consciente de la importancia de los medios de comunicación, aprovecha los espacios que le brindan en ellos para la Evangelización. Es perito en el manejo de las respuestas cuando lo asedian los micrófonos.  Son famosos sus “tres puntos”. En su magisterio se transluce su talento tan brillante, sus bastos conocimientos, su  virtud y su notable precisión. Consejero prudente y acertado de pequeños y grandes, de los Jerarcas de la Iglesia, de otras autoridades y personalidades a nivel de América y de Colombia. Pobre por opción, todo lo que recibe lo da a los pobres, para quienes tiene siempre las puertas abiertas del corazón y de su casa. Siempre repite: “Nada amerita que yo pierda la paz interior”, también, cuando se insiste en algún problema o caso ya estudiado y resuelto dice: “Eso ya pasó, estamos viviendo en reversa”.

Su ideal de vida es La Santidad, por eso, es un hombre de Eucaristía y Oración, que celebra con unción, que recita su breviario, que visita al Santísimo, reza el santo rosario, medita asiduamente y se mantiene dócil a la voluntad de Dios.

El 8 de agosto de 1974 fue nombrado Obispo Titular de Obba y Auxiliar de Mons. Miguel Ángel Arce Vivas, Arzobispo de Popayán. El lema de su escudo episcopal: “Ut unum sint” (Para que sean UNO), lo convierte en programa de su acción pastoral. Su consagración episcopal se celebró en la capilla del Seminario Mayor de Bogotá, por el Cardenal Aníbal Muñoz Duque, el 15 de septiembre de 1974. El 26 de abril de 1977 fue nombrado primer Obispo de Chiquinquirá. Fue Obispo de Cúcuta (1983-1990) y, en 1989, por ocho meses, se desempeñó como Administrador Diocesano de Arauca, después del asesinato de su Obispo, Mons. Jesús Emilio Jaramillo (octubre de 1989). El 18 de diciembre de 1990 fue designado Arzobispo de Popayán, tomó posesión el 25 de enero de 1991 y sucedió a Mons. Samuel Silverio Buitrago Trujillo, fallecido el 11 de abril de 1990. El Papa Juan Pablo II le impone el palio el 29 de junio de 1991 en la Plaza de San Pedro, Roma. El 12 de febrero de 1997 fue trasladado a Medellín, y tomó posesión el 19 de marzo, fiesta de San José.

Fue Vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, desde 1990 a 1996. Elegido presidente de la misma en  julio de 1996 y reelegido en 1999 hasta julio de 2002.  Delegado de la Conferencia Episcopal para los Sínodos mundiales de 1977, 1987 y 1990. Participó como delegado en las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Puebla (1979) y Santo Domingo (1992). Intervino activamente, en representación del Episcopado de Colombia, en las mesas de diálogo que se iniciaron en abril de 1999 en la llamada zona de distensión de San Vicente del Caguán. En este fallido proceso de paz fueron significativos y reconocidos sus aportes a la causa de la paz, a la que con prudencia dedicó gran parte de su tiempo y su esfuerzo. Animó la preparación y realización en Colombia, del Gran Jubileo del año 2000 promovido por el Papa Juan Pablo II, experiencia de perdón, reconciliación y gracia.

ESCUDO EPISCOPAL



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