MISIÓN AL AIRE

EL CAMINO CONTINÚA ...

03 | 12 | 2018



Concluimos el 8 de diciembre, aniversario de la posesión de Mons. Valerio Antonio Jiménez, primer Obispo de Medellín, la conmemoración de los 150 años de la creación de nuestra Arquidiócesis. Ha sido un tiempo en el que, ante todo, hemos recibido la gracia del Jubileo; después, hemos recordado con agradecimiento nuestro camino eclesial; también, nos hemos reencontrado con nuestra identidad y nuestra misión; finalmente, en diversos momentos y a través de distintos actos, hemos valorado y nos hemos comprometido con el importante patrimonio espiritual y pastoral que tenemos.

Todo lo que hemos vivido nos invita a continuar impulsando con mayor seriedad una profunda renovación de nuestra Iglesia particular. Renovarnos en la fe mediante una constante escucha de la palabra, renovarnos en la esperanza por la celebración gozosa y fructífera de la liturgia, renovarnos en la caridad por la comunión entre nosotros y la solidaridad con los necesitados. Así la Iglesia no será un velo oscuro entre Cristo y el mundo, sino una humilde servidora que difunde desde el Evangelio la verdad, la alegría y la libertad de los hijos de Dios.

Hay que proseguir la tarea de forjar con decisión y constancia la comunión arquidiocesana. La variedad de pensamiento, de vocaciones, de oficios, lejos de causar separación o división debe ser la maravillosa riqueza querida por el Señor para que nos complementemos en la máxima comunicación, porque “así organizó a los santos para la obra del ministerio, en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al estado del hombre perfecto, a la plena madurez de Cristo” (Ef 4,12-13).

Debemos empeñarnos todavía más en la evangelización. Esa es la razón de ser y la dicha de la Iglesia. El Papa Francisco enseña que el entusiasmo evangelizador se fundamenta en que tenemos un tesoro de vida y de amor que no puede engañar ni desilusionar. Es una respuesta que cae en lo más profundo del ser humano y que puede sostenerlo y elevarlo. Es la verdad que no pasa de moda porque es capaz de penetrar allí donde nada más puede llegar. Más allá de nuestros intereses, de nuestros límites y de nuestras motivaciones, evangelizamos para la mayor gloria del Padre que nos ama (Cf EG 265.267).

Una característica de nuestra Arquidiócesis debe ser su compromiso con la formación y participación del laicado. Es necesario apreciar su dignidad, ser conscientes de los carismas propios que tienen, hacerles gustar su corresponsabilidad en la vida y misión de la Iglesia, integrarlos armoniosa y fecundamente en la organización pastoral para que ofrezcan su aporte, acompañarlos para que lleguen a una sólida espiritualidad y a una adecuada capacitación para el cabal desempeño de su específica responsabilidad dentro de las diversas áreas de la vida y la actividad humana.

Urge llegar a ser una Iglesia que se empeña aún más en la construcción de una nueva sociedad. El clamor de los necesitados, la inequidad en tantos campos de la vida, los desequilibrios que perturban nuestras relaciones sociales, la urgencia de la paz que es fruto de la justicia, la pérdida de la verdad y la honestidad en el comportamiento diario, la violencia que golpea de tantas maneras, el egoísmo que corroe el mundo de la familia, del trabajo y de la economía, exigen que ordenemos sabia y decididamente todo nuestro potencial pastoral a encontrar propuestas eficaces para nuestra sociedad.

Otra tarea fundamental de la Iglesia en este tiempo es el testimonio de la esperanza. Con frecuencia pasamos por momentos difíciles en nuestra historia, pero no podemos encerrarnos en el pesimismo y la desconfianza. Sin la esperanza la vida se vuelve insoportable. Debemos entonces presentar a Cristo resucitado como la garantía de que tenemos futuro. El Papa Francisco nos dice: “Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuente de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección” (EG,275).

                                                           + Ricardo Tobón Restrepo

                                                              Arzobispo de Medellín

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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