MISIÓN AL AIRE

ALEGRÉMONOS, LLEGA LA NAVIDAD

17 | 12 | 2018


Para los cristianos la Navidad es mucho más que un aniversario del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Es un misterio que celebramos en la liturgia, es un acontecimiento que afecta la historia de la humanidad, es una realidad profunda que ilumina nuestra existencia: Dios ha venido a vivir en nuestra misma realidad humana. Gracias a la liturgia ese hecho, que tuvo lugar hace tantos años, se hace presente y produce nuestra salvación. Podemos decir con toda verdad: “Hoy nos ha nacido el Salvador”.

Esto significa que Dios nos ofrece a cada uno de nosotros, en este momento de la historia que recorremos, la posibilidad de comprender el sentido profundo de nuestra vida, de valorar la grandeza de la dignidad humana, de mirar el futuro con esperanza, de tener fuerzas para asumir la construcción de un proyecto personal y colectivo que culmina en él. Dios se nos acerca hasta poderlo conocer y acoger en nuestra vida, como lo hicieron los humildes pastores de Belén.

En la tradición cristiana, la Navidad se comprende y asume a la luz de toda la vida y obra del Señor. La Navidad es el inicio y la Pascua es la culminación. En la encarnación Dios asume la naturaleza humana para llevarla hasta él y este proceso redentor alcanza su fin en la resurrección cuando se vence la muerte y se abre a la humanidad la vida eterna. Cristo encarnado y crucificado es la revelación del amor de Dios que, en el pesebre de Belén y en el sepulcro de Jerusalén, asume y redime todas nuestras debilidades.

No permitamos, entonces, que la ligereza que nos entretiene con cosas exteriores nos prive de vivir y aprovechar este misterio de salvación que es la Navidad. Dios ha venido a nuestro encuentro, quiere aniquilar las tinieblas, las esclavitudes, las tristezas y los pecados todos que destruyen nuestra vida. No dejemos que los signos exteriores de la Navidad nos distraigan y nos quitan el sentido cristiano y salvador de estos días santos, sino que, al contrario, manifiesten y nos lleven a la alegría auténtica que viene de Dios.

Si tenemos los ojos abiertos y el corazón limpio veremos a Dios actuando en nuestro favor y rodeándonos con su amor y así superaremos el vacío que nos deja el consumismo y el materialismo con que tantos se sitúan en este tiempo; así podremos ver que nuestro porvenir es mucho más que el egoísmo, la corrupción y la violencia que atenazan nuestra sociedad; así entenderemos que hay un verdadero gozo en darnos por los demás y en buscar especialmente aliviar las necesidades de los pobres.

Permitamos que en esta Navidad tengamos la mirada y el corazón de los niños para ser capaces de la fraternidad, de la esperanza y de la alegría. Necesitamos este tiempo de luz y de aire fresco, necesitamos esta fuerza nueva de la vida que irrumpe en nuestro ser mostrándonos las posibilidades que debemos despertar en nosotros, necesitamos ver que hay tantas personas buenas con las que podemos trabajar un mundo nuevo, necesitamos esta cercanía de Dios que nos llene de libertad y de gozo.

Con estas reflexiones y sentimientos, que subrayan el sentido auténtico y el valor religioso de este tiempo, quiero que sea una realidad el saludo que está en nuestros labios durante estos días: Feliz Navidad. A los Obispos auxiliares, a los sacerdotes, a las religiosas y religiosos, a los fieles todos les deseo que la Navidad sea en verdad la certeza y la alegría de que Dios está cerca de nosotros y va recorriendo con nosotros el camino exigente y maravilloso de la vida.

                                                           + Ricardo Tobón Restrepo

                                                              Arzobispo de Medellín

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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