MISIÓN AL AIRE

EL SEGUNDO PASO

04 | 12 | 2017

EL SEGUNDO PASO

Estamos comenzando el último mes de este año. Es preciso evaluar lo que hemos vivido y proyectarnos hacia el futuro. Al considerar, en varios grupos, lo que ha sido este año para la vida y la misión de la Arquidiócesis se llega necesariamente a sentir la necesidad de dar gracias a Dios por todo lo que nos ha dado y nos ha permitido vivir. Ciertamente, el acontecimiento más grande para la Arquidiócesis, e inclusive también para Colombia, ha sido la Visita Apostólica del Papa Francisco. Hemos sido confirmados en la fe y llamados a entrar en el futuro con responsabilidad y con esperanza.

Después de este encuentro con el Sucesor de Pedro, no podemos quedarnos solamente recordando los momentos vividos o repitiendo los mensajes que nos dejó. Es preciso, siguiendo el planteamiento de la Visita, dar un nuevo paso. En este sentido, dadas las múltiples tareas que tenemos, se pueden multiplicar las propuestas. Conversando con un grupo de sacerdotes jóvenes veíamos, sin embargo, un “segundo paso” que se impone prioritariamente: responder a esa enorme multitud que, cuando acogía y aclamaba al Papa, mostraba su profunda necesidad de Dios, dentro de una sólida experiencia de vida cristiana.

Por tanto, considerábamos que es preciso ir al fondo, emprender procesos serios de evangelización y construir una Iglesia realmente fraterna que nos acoja a todos. No es posible encontrar recetas mágicas, ni fórmulas inmediatistas; se requiere un trabajo pastoral bien planteado, constante y realizado en comunión. En este sentido, se enumeraban tareas muy concretas. En primer lugar, la formación y empeño de santidad de los agentes de pastoral; si los sacerdotes y laicos que debemos pastorear no estamos configurados con Cristo, lo que hacemos estará viciado de egoísmo y falsedad.

Así mismo, urge promover una liturgia viva, participativa y fructuosa, donde los fieles se sientan a gusto, se involucren en la celebración del misterio y reciban fuerza para  realizar su misión en el mundo. De igual modo, es preciso cuidar la catequesis, especialmente de iniciación cristiana; realizar bien los procesos y mantener unidad de criterios. En cuarto lugar, hay que intensificar una adecuada pastoral juvenil que acoja, acompañe y oriente de un modo constante y progresivo a las nuevas generaciones, que por tantos motivos se pueden sentir huérfanas y que son el futuro de la sociedad.

También se subrayaba la importancia de formar y conducir debidamente pequeñas comunidades eclesiales; ellas son una forma de concreción de la Iglesia donde se crea el ámbito más propicio para la oración, la fraternidad, el discipulado y la misión. Otra tarea urgente es la de la tener parroquias vivas y acogedoras; con templos cerrados y personas hoscas es imposible iniciar algo nuevo; las parroquias deben ser el primer espacio de la “cultura del encuentro”, tan subrayada por el Papa y tan necesaria para superar el egoísmo, la desarticulación y la agresividad que nos asfixian.

No es posible realizar todo lo anterior sin laicos bien formados, con una solida espiritualidad y comprometidos apostólicamente; mientras no se tenga el laicado en comunión y participación la Iglesia no está bien establecida en un lugar. Tampoco es posible olvidar o postergar una debida atención a los pobres y a los necesitados; ellos son Cristo presente entre nosotros y atenderlos es el signo más contundente de que el Evangelio para nosotros es mucho más que una teoría. Como podemos ver, sí hay medios concretos para acoger y acompañar esa multitud que salió a ver el Papa, sí hay caminos para ir a lo esencial y renovarnos, sí es posible dar el “segundo paso”.  

 

                                                           + Ricardo Tobón Restrepo

                                                              Arzobispo de Medellín

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

Haga su búsqueda: