MISIÓN AL AIRE

CUARTO ENCUENTRO - LA IGLESIA LLEGA A LA UNIDAD Y A LA MISIÓN CON LA EFUSIÓN DEL ESPÍRITU SANTO

01 | 10 | 2018



LA IGLESIA LLEGA A LA UNIDAD Y A LA MISIÓN CON LA EFUSIÓN DEL ESPÍRITU SANTO

Objetivo:

Profundizar en la acción del Espíritu Santo en la Iglesia como fuente de la unidad y comprender el Sacramento de la Confirmación como una gracia del Espíritu que lanza a cada cristiano a la misión.

Saludo:

El coordinador acoge a los miembros del grupo fraternalmente, generando un ambiente de comunión entre ellos, e invitándolos a seguir participando de estas catequesis con motivo del sesquicentenario de la Arquidiócesis. 

Motivación:

El animador prepara con antelación una imagen del Espíritu Santo que pondrá en el centro del salón, e invitará a los presentes a que dialoguen en pequeños grupos: ¿Qué importancia tiene el Espíritu Santo en la vida de la Iglesia? ¿Qué significa el Sacramento de la Confirmación y qué relación tiene con el Espíritu Santo? ¿De qué manera experimentamos la acción del Espíritu Santo entre nosotros? 

TEMA DE FORMACIÓN

LA IGLESIA LLEGA A LA UNIDAD Y A LA MISIÓN CON LA EFUSIÓN DEL ESPÍRITU SANTO


Nos detendremos en este encuentro a examinar cómo la Iglesia con la efusión del Espíritu Santo recibe del Señor su misión; para ello hemos de volver nuestra mirada al acontecimiento de Pentecostés:

El día de Pentecostés, todos los discípulos estaban reunidos en un mismo lugar. De repente se oyó un gran ruido que venía del cielo, como cuando sopla un viento fuerte, que resonó por toda la casa donde se encontraban. Entonces aparecieron lenguas de fuego, que se distribuyeron y se posaron sobre ellos; se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu los inducía a expresarse.

En esos días había en Jerusalén judíos devotos, venidos de todas partes del mundo. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma.

Atónitos y llenos de admiración, preguntaban: "¿No son galileos, todos estos que están hablando? ¿Cómo, pues, los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay medos, partos y elamitas; otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene. Algunos somos visitantes, venidos de Roma, judíos y prosélitos; también hay cretenses y árabes. Y sin embargo, cada quien los oye hablar de las maravillas de Dios en su propia lengua". (Hch 2, 1-11). 

La comunidad apostólica reunida en Jerusalén, aguardaba la promesa del Señor: “serán bautizados con Espíritu Santo” (Hch 1, 5); y el cumplimiento de ella llegó el día de Pentecostés, cuando el Señor envió al Espíritu Santo.

El texto relata la acción del Espíritu a partir de unos signos: un ruido que viene del cielo, que representa cómo el Espíritu es la voz misma de Dios, es quien actúa como Palabra suya que suena; un viento fuerte, que nos hace pensar que el Espíritu es fuerza que impulsa, que pone en movimiento, que saca de lo estático para lanzar adelante; y finalmente, unas lenguas como de fuego, que representan la acción dinámica del Espíritu.

Y lo que sucede entonces en los apóstoles es muy significativo: llenos del Espíritu comienzan a hablar en otras lenguas de las maravillas de Dios; es el Espíritu el que transforma la debilidad y los miedos de aquellos hombres y los hace salir de su encierro, para lanzarlos a la misión de la Evangelización, al anuncio de las maravillas de Dios.

Que hablen en diversas lenguas delata también una característica de la Iglesia: ella no se reduce a un ámbito geográfico; ya lo había anunciado el Señor en su ascensión, ellos recibirían la fuerza del Espíritu Santo, para ser sus testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra. (Hch 1,8); y es lo que aquí comienza a cumplirse, cuando el mensaje puede llegar a todos porque el Espíritu empuja a la Iglesia naciente hacia la tierra entera.

Pentecostés es el nacimiento de la iglesia, que sólo animada por el Espíritu y movida por Él puede tener la fuerza necesaria para cumplir con la misión que el Señor le ha encomendado.

Y podríamos definir la acción del Espíritu Santo en la Iglesia a partir de 4 aspectos fundamentales:

·         El Espíritu es la memoria de Jesús: en el discurso de despedida en la última cena Jesús, haciendo la promesa del Espíritu a sus discípulos les dijo: “el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él les enseñará todas las cosas, y les recordará todo lo que yo les he dicho” (Jn 14, 26); y esa es quizá la acción fundamental del Espíritu en la vida de la Iglesia, mantenernos unidos a Jesús, en la memoria de sus Palabras.

De hecho, desde el comienzo fue el mismo Espíritu el que suscitó a los autores Sagrados para que escribieran la Sagrada Escritura, a través de la cual tenemos acceso a la Palabra de Dios; y es Él mismo el que nos da la sabiduría de la fe para entrar en contacto con esa Palabra y comprenderla; pero todavía más, es el mismo Espíritu el que permite que esa Palabra entre en corazón y se haga vida en nosotros.

La acción del Espíritu es mantenernos a la escucha de Jesús y permitir que Él se vaya formando en nosotros (Cfr. Gal 4,19); a esta acción podemos llamarla encarnadora, pues el Espíritu permite que, en la vida de cada cristiano, como en el vientre de María, se encarne Jesús.

·         El Espíritu es el impulso de la acción misionera: En el libro de los Hechos de los apóstoles leemos en repetidas ocasiones que el que va conduciendo la vida de los evangelizadores es el Espíritu Santo: es quien da fortaleza a Pedro para que dé testimonio (Hch 4,8); confirma en la fe a la iglesia perseguida (Hch 4, 31) ; fortalece a Esteban para el martirio (Hch 7, 55); lleva a Felipe a acercarse al Eunuco (Hch 8, 29); separa a Pablo y a Bernabé para la misión (Hch 13,2); como vemos el gran protagonista de la acción evangelizadora de la Iglesia es el Espíritu Santo.

Sin el Espíritu la acción de la Iglesia queda infecunda y toda palabra suya se desvanece, pero el Espíritu que guía a la Iglesia es quien va señalando siempre nuevos caminos y va abriendo el corazón de muchos para que acojan la fe.

Si la Iglesia existe para evangelizar (Evangelii nuntiandi 14); sólo existe en la medida en que esté movida por el Espíritu, porque sólo Él es el alma de la misión.

·         El Espíritu organiza la Iglesia para el servicio: San Pablo en la primera carta a los Corintios, insiste de manera recurrente en que la acción del Espíritu Santo se hace palpable en la Iglesia a través de los dones y carismas que Él mismo distribuye en el Cuerpo de Cristo (Cfr. 1 Cor 12, 4).

Será útil recordar en este punto que el Espíritu nos da sus dones, que son unas disposiciones personales que ayudan a cada cristiano en el camino de su propia santificación, pero además nos da carismas, que a diferencia de los dones no están en función de la misma persona, sino de toda la Iglesia, y para la edificación del Cuerpo de Cristo (Cfr, 1 Cor 12, 7-11).

Así podríamos decir que es el Espíritu el que organiza la Iglesia para el servicio al distribuir en ellas los carismas necesarios para que en el misterio de la comunión de la Iglesia (Cfr. 1 Cor 1, 7)

·         El Espíritu hace posible el milagro de la unidad: Si alguna tarea es propia del Espíritu en la Iglesia es garantizar el misterio de la comunión y la fraternidad. Los seres humanos por naturaleza somos egoístas y pensamos en nuestros propios intereses, lo que destruye o imposibilita la comunión. El hecho de que dos o tres puedan ponerse de acuerdo es de suyo una acción del Espíritu que es el autor de la unidad y de la fraternidad.

Si la Iglesia es un misterio de comunión es porque todos sus miembros están unidos no por un vínculo natural, sino por el vínculo del Espíritu, que es el único capaz de articular el Cuerpo de Cristo, manteniéndonos a todos unidos con Cristo cabeza.

Como vemos la Iglesia es un organismo espiritual, es decir, es una comunidad animada por el Espíritu Santo que es quien la va llevando y acompañando a lo largo de la historia, por eso podríamos decir que el tiempo de la Iglesia es el tiempo del Espíritu, porque Él es quien hace posible que ella exista y crezca en el mundo.

Profundizar:

El animador preparará un pliego de papel periódico y un marcador y dirá a todos los presentes que deben juntos dibujar un cuerpo, correspondiéndole a cada uno dibujar una parte, y explicando qué importancia tiene la parte que dibujó para la vida del cuerpo. Al terminar se invita a los presentes a profundizar en el tema a partir de las siguientes preguntas:

·         ¿Qué significa que la Iglesia sea Cuerpo?

·         ¿Qué dones y carismas tenemos en el grupo? ¿Cómo hacer que produzcan mejores frutos para todos?

·         ¿Cómo podemos vivir mejor el compromiso adquirido en nuestra Confirmación?

Oración Final:

A cada uno de los presentes se le entrega una vela encendida, signo del Espíritu Santo y juntos realizan algunas peticiones para pedir al Espíritu renueve su gracia en la vida de cada uno de los participantes y en toda la Iglesia.

Para concluir se invita a todos los presentes a orar por la Arquidiócesis de Medellín que aparece en la contraportada de la cartilla.


 

 

 

 

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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