MISIÓN AL AIRE

SÉPTIMO ENCUENTRO LA IGLESIA UNIVERSAL SE HACE PRESENTE EN LA IGLESIA PARTICULAR

22 | 10 | 2018


OBJETIVO

Comprender el misterio de la Iglesia universal, que se hace concreto en la vida de cada Iglesia particular, y valorar el don de la vida diocesana.

SALUDO Y BIENVENIDA

El animador recibe con alegría a los miembros del grupo, invitándolos a continuar compartiendo con alegría estas catequesis sobre el misterio de la Iglesia en el marco de la celebración de los 150 años de vida diocesana.

MOTIVACIÓN

Se hará una lluvia de ideas al iniciar donde las personas traten de explicar qué entienden por los siguientes conceptos:

·         Iglesia universal

·         Iglesia particular

·         Papa

·         Obispo

·         Parroquia  

TEMA DE FORMACIÓN

LA IGLESIA UNIVERSAL SE HACE PRESENTE EN LA IGLESIA PARTICULAR

Profundizando en el tema de la catolicidad de la Iglesia, nos detendremos ahora en un tema muy importante: los conceptos de Iglesia local o particular y la Iglesia universal.

Cuando revisamos en los escritos del Nuevo Testamento para averiguar lo que ellos entienden por la Iglesia, nos encontramos con al menos 2 concepciones o representaciones de la Iglesia que tienen una particular relevancia: en primer lugar la Iglesia vinculada a un lugar, es decir, la Iglesia que podemos llamar local o particular, usualmente bajo la guía de un apóstol o de los presbíteros u obispos dejados por él al frente de ella.

Sólo por mencionar algunos textos podemos recordar Hechos 8,1 con su alusión a la persecución sufrida por la Iglesia de Jerusalén; Hechos 11,26 y su indicación respecto de la Iglesia de Antioquía acompañada por Saulo y Bernabé durante un año; y Hechos 20,17 con su indicación de la reunión de Pablo con los presbíteros de la Iglesia de Éfeso.

También en este sentido resulta significativo el saludo de Pablo en sus cartas, dirigidas a la Iglesia de los tesalonicenses (1 Tesalonicenses 1,1; 2 Tesalonicenses 1,1) o a la Iglesia de Dios que está en Corinto (1 Corintios 1,1; 2 Corintios 1,1); e igualmente el uso plural del término: Iglesias, que encontramos por ejemplo en Hechos 15,41 y 16,5, así como en Romanos 16,16; 1 Corintios 16,1 y 16,19.

No menos importante es la famosa sección de las cartas a las siete Iglesia que encontramos en los capítulos 2 al 3 del libro del Apocalipsis, y que se introducen con la visión de Apocalipsis 1,9-20 en la que el Hijo del hombre está en medio de los siete candeleros que son las siete Iglesias y que tiene en su mano siete estrellas que son los ángeles de las siete Iglesias (cfr. Apocalipsis 1,20).

Y en segundo lugar, sobre todo en los escritos posteriores de Pablo, encontramos unas significativas referencias a la Iglesia en su sentido de totalidad, o en su dimensión de universal. Quizás los casos más emblemáticos sean la alusión de Cristo como cabeza de la Iglesia que es su Cuerpo en Efesios 1,22 y Colosenses 1,24.

¿Qué podemos concluir de esto?

Podríamos decir que ya desde la Sagrada escritura se nos presenta a nosotros un doble sentido de la Iglesia: ella es Iglesia particular, es decir, la iglesia reunida en una ciudad bajo la guía de un obispo, pero a la vez todas esas Iglesias particulares realizan la iglesia universal

Pero hay todavía un aspecto muy importante desde la tradición bíblica que puede aportarnos luces para la comprensión de estas dos dimensiones de la Iglesia: local y universal y es la relación que se establece entre Iglesia y Eucaristía.

El punto de partida para explicar esta relación es el conocido texto eucarístico de 1 Corintios 10, que nos muestra como la Iglesia de Dios que está en Corinto es sobre todo Iglesia, cuando celebra la cena del Señor y anuncia su muerte y resurrección en la comunión de un mismo pan que los hace un solo cuerpo del Señor.

San Pablo parte de la imagen del pueblo de Dios en el Sinaí (1 Corintios 10,1-4), que es la asamblea modélica del pueblo de Israel; y así se puede decir que Israel es sobre todo pueblo cuando se reúne en asamblea litúrgica; y de la misma manera la Iglesia es sobre todo Iglesia en la comunión del pan Eucarístico que hace memorial del misterio Pascual en el Sacramento de la Iglesia.

A partir de este texto se comprende bien que “la Iglesia universal, la Iglesia de Dios en cuanto Cuerpo de Cristo, se manifiesta, se representa y se realiza en cada comunidad local que se reúne en nombre de Cristo para el culto divino… (es decir) La Iglesia universal, el Cuerpo de Cristo, se concretiza, vive palpablemente en el acto de culto de la comunidad local; y ésta a su vez no es otra cosa que la revelación de la Iglesia universal en un lugar determinado… La Iglesia universal aparece (entonces) en cada comunidad, pero no se agota en ninguna de ellas”[1].

Y entonces la unidad que se manifiesta en torno al pan Eucarístico, es la unidad que debe manifestar la Iglesia, en su ministerialidad (Efesios 4,1-12) y en su vida misma de fraternidad (Efesios 4,31-32) y en su unión espiritual (Efesios 5,19-20); y una Iglesia particular que vive así el misterio de la comunión es el símbolo de la comunión de Iglesias que entrañan el misterio de la Iglesia universal.

Ahora bien, el garante de esta unidad de la Iglesia local es el apóstol, o los obispos que ellos ponen al frente de cada comunidad (Cfr. Hechos 14,23); y que es el que anima y preside a la comunidad en al menos dos sentidos: la enseñanza y la Eucaristía.

Y así como el obispo manifiesta el misterio de la comunión de la Iglesia local, el obispo de Roma garantiza el misterio de la comunión de la Iglesia universal. Así lo explica por ejemplo el testimonio de Cipriano de Cartago, que considera que “el fundamento de la Iglesia está en que el Pueblo de Dios siga al propio obispo”[2]; pero que dice también que la Iglesia Romana es “matriz y raíz de la Iglesia católica” y “la Iglesia principal de donde procede la unidad sacerdotal”[3].

Comprendemos entonces la relación de estos dos conceptos: en primer lugar la Iglesia particular que en nuestro caso concreto hace referencia a la diócesis, y que es una Iglesia que guiada por el obispo tiene todos los elementos para vivir la fe: la Palabra, los Sacramentos, los ministerios ordenados, la disciplina.

Y del otro lado el concepto de Iglesia universal, que no es otra cosa que la comunión de todas las Iglesias particulares, unidas por el servicio de Pedro, es decir por el papa, sucesor del apóstol Pedro en la sede de Roma.

Y debe quedar claro que las Iglesias particulares sin la Iglesia universal se convierten en pequeñas sectas, alejadas del misterio de la comunión; pero también que la Iglesia universal sólo se hace concreta allí donde el obispo, con sus presbíteros, diáconos y fieles se reúnen a celebrar y vivir la fe, es decir en la vida de las diócesis 

Cuando nosotros escuchamos los nombres de “diócesis de París”, “diócesis de Miami”, “diócesis de Bogotá”, “diócesis de Medellín”, no se está haciendo referencia únicamente a una institución de carácter administrativo, sino, sobre todo a la vida de una comunidad cristiana que vive su fe en determinado lugar.

Por eso debemos decir que la noción de diócesis más que un concepto jurídico es una experiencia del ambiente vital de la fe, donde una comunidad presidida por el obispo, animada por los presbíteros y diáconos vive su fe y la alimenta en la celebración de los sacramentos.

En este sentido debemos valorar el lugar que ocupa el obispo en la diócesis: Él, como sucesor de los apóstoles es el garante de la comunión y de la verdad de la fe de toda la comunidad diocesana; y así es el símbolo de Dios que pastorea a su pueblo.

Y luego es importante ubicarnos como miembros de la iglesia en el contexto de la vida de nuestra diócesis: conocerla en su geografía, en su contexto social, en su camino evangelizador, en sus proyectos e iniciativas pastorales y realmente comprometernos con ella.

Pero luego tendríamos que decir que cada diócesis está dividida a su vez en parroquias, donde el obispo va colocando un presbítero para que en su nombre le ayude a pastorear a una porción de su pueblo.

La parroquia es por excelencia el ámbito de la vida de la fe para todos nosotros; es el lugar donde nos congregamos para la celebración de la Eucaristía, es donde encontramos el don de los sacramentos, y donde unidos a nuestros hermanos invocamos a Dios en nuestra oración.

Cada parroquia está llamada a entrar con todas sus fuerzas en el camino de la Nueva Evangelización; y eso se concretiza de manera particular a través de la experiencia de las pequeñas comunidades, que quieren propiciar una renovación de las parroquias, ayudando a que en ellas vivamos un auténtico proceso para llegar a ser discípulos de Jesús.

Pero cada parroquia tampoco es un lugar aislado o cerrado; ellas deben responder siempre al proyecto de la vida diocesana. De ahí la necesidad de la comunión de los sacerdotes con el obispo, así como de todos los fieles; y esto lo hacemos cuando nos apropiamos del programa pastoral de la diócesis y vivimos en comunión con él.

Como vemos, la Iglesia es un misterio de comunión que se manifiesta a través de sus diversas estructuras, y que nosotros de manera muy particular estamos llamados a vivir comenzando por nuestras pequeñas comunidades, en el servicio en nuestras parroquias y en el ámbito de la vida diocesana, unidos siempre a nuestros pastores, y a todos los que con nosotros comparten el misterio de fe.

El animador invitará a que se desarrolle un diálogo a partir de estas preguntas:

·         ¿Qué sabemos de la Arquidiócesis de Medellín, de su historia, de sus estructuras, de las instituciones ella tiene?

·         ¿Qué sabemos de la historia y de la realidad de nuestra parroquia?

·         ¿Cómo podemos vincularnos mejor al camino de fe de nuestra Arquidiócesis y de nuestra parroquia?

ORACIÓN FINAL

Para concluir todos los presentes hacen unas peticiones por el papa, por nuestro Arzobispo Ricardo, por su párroco y los sacerdotes que colaboran en sus parroquias, y finalmente realizan unidos la oración por la Arquidiócesis de Medellín que aparece en la contraportada de esta cartilla.


[1] Baraúna, Guillermo (Dir). La Iglesia del Vaticano II. p. 639.

[2] Ibid. p,640

[3] Ibíd. p,641.


DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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