MISIÓN AL AIRE

EN EL CAMINO DE LA RENOVACIÓN, ACOMPAÑA A COLOMBIA, MARÍA”

08 | 07 | 2019


Desde hace 433 años la presencia de María Nuestra Madre, Señora del Rosario, nos acompaña y es modelo de oración confiada, de fe en el Padre Providente, de obediencia a su voluntad, de amor ardiente, invitándonos a construir una existencia personal, familiar y social, serena y feliz. Hoy, a doscientos años del nacimiento de nuestra República y a cien años de la coronación Canónica de la Imagen de Nuestra Señora de Chiquinquirá, como Reina y Madre de nuestra nación, bajo la presidencia de Marco Fidel Suárez en la Plaza de Bolívar de Bogotá, los obispos de Colombia, trayendo con nosotros a todas las comunidades del país, venimos, peregrinos, a confiar a su maternal cuidado toda nuestra amada nación.

De nuevo, Ella que conoce nuestros dolores, nuestras búsquedas, nuestras luchas, nuestros deseos de construir una casa fraterna entre los colombianos, como Madre nos repite: “Hagan lo que Él, mi Hijo Jesús les diga”.

En el mundo en que nos “toca realizar la voluntad del Padre Celestial”, todavía tenemos las huellas que la tradición cristiana nos ha dejado en el modo de ver la vida, de honrar la dignidad de cada persona, de promover una auténtica libertad y vivir como hermanos de verdad.  Pero, en lo cotidiano corremos el riesgo de olvidarlo. Y si perdemos las raíces cristianas de nuestras familias y nuestra sociedad, el presente de ellas se hace pedazos, las relaciones en familia entran en crisis y disminuye la capacidad de relación, responsabilidad y solidaridad entre nosotros los colombianos.

La sola autorreferencialidad nos encierra a cada uno en nosotros mismos, y a la sociedad en grupos de intereses, de privilegios, de ideologías.  Hace más el miedo al futuro que un deseo de construirlo, hace más la unidad de dominio de los más fuertes y ricos, que la unidad de comunión de personas y bienes.

María nos enseña a creer aún en la noche que atravesamos por la violencia de las armas, la de los corazones endurecidos por la indiferencia y la codicia, que enceguece y no deja ver el dolor de los pobres, de los que no tienen techo, ni tierra, ni trabajo, por la violencia de la corrupción que despoja a los más frágiles, para nutrir el egoísmo de unos pocos, por la avalancha de la narcodegradación que arrasa con la vida de los niños, los adolescentes y los jóvenes que son la presencia del mañana.

Necesitamos todos, pastores y fieles, ser fortalecidos en el corazón. La fe nos debe abrir los ojos, la esperanza nos enseña a mirar con paciencia y perseverancia, lo que vivimos en este momento complejo y difícil de nuestra historia, cuando sentimos la tentación de dejar de leer los signos de los tiempos como si en ellos no estuviera presente Dios, y emprender la huida del compromiso, olvidando que el designio de Dios se realiza, aunque esté oculto.

María es una escuela de fe, rica de esperanza: conservaba todas las acciones de Dios, meditándolas en su corazón.  Ahí está la raíz de la fuerza que hoy debe tener nuestro testimonio cristiano para nuestra sociedad. La voluntad del Padre Celestial está en que cada uno y todos como familia y pueblo de Dios, seamos signos creíbles, valientes, coherentes de los valores innegociables del Evangelio, que irradiemos luz y seamos fermento en el mundo globalizado, con sus raíces letales de exclusión y marginación de los más débiles.

Toda la sociedad necesita el impulso permanente del diálogo que ponga fin a la violencia y seguir encontrando caminos de reconciliación, trabajar por la unidad del país, por encima de los obstáculos y convirtiendo en riqueza comunitaria, las diferencias y colocar en el centro de toda la vida política, social y económica la persona, con el misterio de su dignidad, el respeto por el bien de todos y la erradicación de las causas estructurales de la corrupción y la pobreza que engendran inequidad y violencia.

Miremos con fe nuestras raíces cristianas, auscultando con esperanza el futuro del país y amasando con amor el presente acompañados y de la mano de María, como dijo el Papa Francisco ante esta misma imagen “Así como en Chiquinquirá Dios ha renovado el esplendor del rostro de su Madre, que Él siga iluminando con su celestial luz el rostro de todo este país y bendiga a la Iglesia de Colombia con su benévola compañía”.

 

+ Óscar Urbina Ortega

Arzobispo de Villavicencio

Presidente de la Conferencia Episcopal

 

Apartes de la homilía en la celebración de los cien años de la coronación canónica de la imagen de Nuestra señora del rosario de Chiquinquirá (6 de julio de 2019)

 

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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